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lunes, 15 de octubre de 2018

Ríos de Holguín. Yabazón



Por: César Hidalgo Torres
Río Yabazón
El Yabazón corre por las llanuras serpentiníticas al sur de la bahía de Gibara, deslizándose entre colinas bajas y cerros calizos locales. En la perpendicular, atraviesa todo el occidente del municipio Rafael Freyre.
A todo su largo se pueden observar bosques de galerías sobre las riveras, mientras que su corriente transporta gran cantidad de sedimentos terrígenos que las aguas depositan en la región costera de su cuenca.
Llegan al Yabazón varios arroyos, algunos con régimen permanente, y finalmente el Yabazón, cargado de agua, desemboca en el río Gibara a solo tres kilómetros de la desembocadura, en la bahía homónima.
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En Yabazón Abajo, pequeño asentamiento cercano al Cerro de igual nombre, muchas personas se dedican por cuenta propia a colar la tierra para con suerte, después de arduos días de trabajo, conseguir algunos gramos de oro.
Para ello excavan agujeros en el suelo, en las orillas de los ríos o en el lecho del rio cuando la temporada seca lo deja sin agua. Para hacerlo utilizan picos y barretas con las que extraen la tierra que luego lavan en el rio, usando un recipiente ancho y de poca profundidad que permite que el agua arrastre la tierra, que es más liviana y soluble, dejando un polvo brillante mezclado con pequeñas piedras y tierra remanente y pequeñísimos granos del tamaño de la cabeza de un alfiler, aunque las más grandes pueden parecer una cabeza de fósforo o un grano de arroz.
Algunos de los buscadores de oro trabajaban en empresas o entidades estatales, pero ahora se dedican enteramente a la minería ilegal, que les resulta más rentable.
Su trabajo nada más lo hacen en la mañana muy temprano o en la tarde casi al anochecer, que son los horarios en los que el sol castiga menos. Y el resto de su día lo ocupan en la crianza de animales de corral, pequeñas estancias agrícolas y elaboración de yogurt y quesos.

viernes, 5 de octubre de 2018

Cerro de Los Portales (Holguín, Cuba)

Por: César Hidalgo Torres

Si se mira desde la bahía de Bariay tierra adentro se observan conjuntos de elevaciones y dentro de esas un inmenso mogote cuya parte superior se haya muy inclinada, ese es:
El Cerro de Los Portales.
La cumbre está a una altura de 210 metros sobre el nivel medio del mar y sus paredes son verticales en extremo, algunas de más de 80 metros. En ellas se abren numerosas solapas de gran tamaño que asemejan amplios portales soportados por vistosas columnas que son visibles desde la llanura circundante: ese es el motivo de su nombre. Por cierto, una de esas solapas, conocida como cueva de Los Portales, es utilizada por los campesinos de la zona para guarecerse durante el paso de los huracanes.
En esta elevación se puede diferenciar con claridad el gran monolito de rocas calizas que es la montaña en sí y su base de serpentinitas. La primera muy vertical con canales, grietas y oquedades en las paredes a causa de las aguas, y la segunda formando colinas largas en planos inclinados continuos.
Esquema de la Cueva de Los Portales
 En la parte alta de la caliza se abre una impresionante caverna, la más grande y profunda de todas las existentes en los cerros calizos de Maniabón de 658 metros y u  desnivel de 87. Su entrada la conforman varios pozos desmembrados en una serie de laberintos muy inclinados o verticales que dan paso a las galerías. Uno de esos pozos alcanza los 50 metros en caída libre; (a través de él se llega a los sectores más profundos de la caverna).
Al finalizar la zona vertical (pozos), aparecen las galerías anchas, espaciosas, con piso horizontal, a tramos cubiertos por derrumbes.
Desde la cumbre de Los Portales se contempla una muy atractiva panorámica del paisaje circundante, compuesto por un gran valle salpicado de elevaciones.
Leer además: Leyenda de los siete brujos del Africa que se hicieron fuertes en el Cerro de Los Portales 

Bembé de la nganga PALO MONTE Oguakondile en el Cerro Los Portales, Santa Lucía, municipio Rafael Freyre, Holguín, Cuba:

Cerro Las Tinajitas. (Holguín, Cuba)



Por: César Hidalgo Torres
Está ubicado al suroeste de las bahías de Jururú y Bariay, a poco más de cinco kilómetros al oeste del poblado de Fray Benito, dentro del grupo orográfico de Maniabón. Posee una altura máxima de 266 metros sobre el nivel medio del mar. En la base de la elevación se construyó la base de campismo popular “La Silla de Gibara”, que es muy frecuentada por los habitantes de la provincia.
Las Tinajitas y Silla de Gibara desde la bahía de Gibara
Recoge la leyenda popular que el nombre del cerro le viene de un arroyo que en el siglo XIX corría por la base del mogote, (en la actualidad allí hay un arroyuelo que es intermitente, en dependencia de las lluvias). Se dice también que las aguas del dicho arroyo eran claras y transparentes y para retenerlas se construyó una serie de embalses hechos de ladrillos que tenían forma esférica. A esos los llamaban los vecinos “Las Tinajitas” por el parecido que tenían con los populares receptáculos de cerámica.

Las Tinajitas y Silla de Gibara vistos desde el pueblo de Gibara
Las Tinajitas y Silla de Gibara
Este cerro, igual que otros aledaños, en la base está constituido por rocas con fuerte componente serpentinítico, que es lo mismo que decir rocas conformadas por cuotas de hierro, y sobre esas, como si la hubieran colocado encima, una enorme roca caliza que es el cerroen sí.
Las laderas de la enorme piedra caliza o cerro son verticales en algunos puntos, sobre todo en los flancos que miran al norte.
El agua que por siglos se ha escurrido de la cima a la base del enorme pedrusco lo ha erosionado la parte blanda de la roca formando importantes formas en el suelo, entre ellas lapiaz o acanaladuras de grandes dimensiones separadas por estrías cortantes[1].
En las paredes de Las Tinajitas abundan impresionantes y profundos surcos que parecen arañazos hechos en la piedra por una fiera mitológica gigante. Y en la base del cerro hacia el norte-noroeste hay una gran cantidad de bloques de piedra que por siglos han caído de las alturas. La causa de ellos son múltiples fenómenos, primero es el agua acanalando y agrietando las paredes, luego los movimientos tectónicos desprenden pedazos de roca que caen en la base y que en ocasiones, unos sobre los otros con espacios vacíos entre ellos, forman singulares cavernas, como una, quizás la más famosa por ser la más alta de Cuba, a 1 260 metros sobre el nivel del mar, en el Pico Turquino, que se conoce como la cueva del Aura.
En la cara norte del cerro Las Tinajitas hay una cueva muy singular que se formó en una gran oquedad de las laderas sobre la quedesde la cima cayó una avalancha de bloques. Esa, que se conoce como cueva de La Merienda, está considerada desde que se exploró en 2011 como la mayor de su tipo en la región con 120 metros, pero los espeleólogos consideran que puede ser mayor porque cuando la visitaron no pudieron llegar hasta el fondo por la inestabilidad de los bloques en su techo.
Otra cueva en ese cerro, la más famosa del macizo, llamada de Las Tinajitas, posee un origen más convencional, esto es, la acción de las aguas carbonatadas sobre las rocas calizas. Con 125 metros de recorrido, salones con galerías amplias, buena ventilación y formaciones secundarias (estalactitas y estalagmitas), es muy visitada por los excursionistas que, lamentablemente, han provocado alteraciones en su interior.
 


[1] La acción mecánico-química de las aguas de escurrimiento corroe o erosiona la caliza y para ello aprovecha todo tipo de fisuras. Estas zonas de mínima resistencia son excavadas al punto de formar micro relieves con crestas y hendiduras de diversas dimensiones, en dependencia del volumen de las aguas de escurrimiento y del grado de solubilidad de la roca.

Hallan en cueva de Gibara, Holguín, Cuba, restos óseos de un buho gigante extinto



El extinto búho gigante de Cuba, Ornimegalonyx, se considera el más grande que haya existido jamás. 
Reproducción de American Museum of Natural History
 
La noticia (dada a cnocer en 2012), de la presencia de un Búho Gigante entre los restos óseos localizados en la cueva “La Lechuza” de la zona de la Gejira, en Gibara, impactó a todos en ese territorio.
Clasificados como pertenecientes a un ave que vivió en el Pleistoceno tardío y el Holoceno temprano cubano, (entre veinte mil y seis mil años antes del presente), los restos óseos se encuentran mineralizados. Entre ellos se pudo encontrar una cintura pélvica del antiguo Búho que alcanzó un metro de altura.
Científicamente conocido como el Ornimegalonyx, era esa un ave carnívora de cortas alas que probablemente no podía volar, pero poseía largas patas y pequeño esternón, al parecer para facilitar la captura de sus presas mediante la carrera. 
Un detalle de las enormes garras del Ornimegalonyx del modelo que exihibe el museo de los Estados Unidos.
 
En el agrupamiento óseo, denominado Orictocenosis, también fue posible identificar la presencia de un mamífero de hábitos arbóreos, nombrado Neocnus gliriformis, considerado antecesor de todos los perezosos del continente latinoamericano.
Igualmente se definieron restos fosilizados de jutías de los géneros extintos Boromys, Geocapromys y Capromys pilorides, y una pieza dentaria de un Almiquí, insectívoro cuyos ejemplares hoy se consideran fósiles vivientes.

sábado, 15 de septiembre de 2018

Leyendas de tesoros de piratas en los alrededores de la desembocadura del río Jagueyes, Banes, Holguín



Por: César Hidalgo Torres
Desde punta Lucrecia la costa va al sur-sureste a lo largo de 40 millas hasta la entrada de la bahía de Banes, en un litoral en arco cóncavo. Encontrándose en esa porción punta Manglito, que consiste en una extensa playa de 7 600 metros con un ancho de la línea de arena de 70 metros. Y asimismo se encuentra en la zona punta Mula.
“Si les cuento las historias de piratas y tesoros ocultos, posiblemente estaría hablando sin parar por una semana entera y no bastaría ese tiempo para relatarles la mitad del repertorio”, nos dijo pocos años antes de morir, Germán Méndez cuando lo visitamos en su casita enclavada en la playa Puerto Rico Libre, a pocas millas de la entrada del puerto, de Banes y agregó:
“Pero no se asusten solo les relataré los más interesantes. En ese estero, el del puente por donde ustedes pasaron, es la desembocadura del río Jagüeyes, fue navegable en un tiempo.
“En épocas remotas ese río era un refugio seguro para los piratas que operaban en la zona, en especial, para uno nombrado William Hasting, que venía tanto para guarecerse del mal tiempo como para escapar de los galeones españoles. Hasting también se remontaba río arriba para provisionarse de comida, agua y leña.
“Un día ese mismo pirata emboscó cerca de la quebrada por donde salía a alta mar, a un barco corsario que traía un fabuloso tesoro que horas antes le había arrebatado a un barco que navegaba cerca de cabo Lucrecia.Antes de entrarle a cañonazo, y aprovechando que era bien cerrada la noche, Hastingordenó encender unahoguera en la cubierta de su barco para que los del otro barco creyeran que se trataba de tierra firme, confundirlos y hacerlo encallar para entonces abordarlo. Y así sucedió. Poco prácticos en la zona, los corsarios metieron la proa contra los arrecifes, pensando que era mar abierto… y a los pocos segundos de su varadura una lluvia de metralla cayó sobre la indefensa embarcación.
“Para que el tesoro no fuera a manos de los asaltantes, el capitán del barco corsario sacó parte del mismo para la playa y lo enterró no muy lejos de la orilla y la otra parte la ocultó dentro de un cañón al que posteriormente le tapó la boca con plomo. Rato después, destruido por el diente de perro y los disparos que le tiraban desde la nave de Hasting, el barco corsario se fue a pique, junto a sus dieciochos cañones que apenas pudieron disparar.
“De esas piezas artilleras solo se ha sacado la mitad del fondo del mar extraído, los restantes nueve están como un cuarto de millas de la costa y a sesenta y ocho metros de profundidad, pues el grueso oleaje empujó el barco hasta allí.
Finalmente nos relató Guzmán Méndez que él ha bajado, sin careta hasta donde reposan los cañones, y que notó que uno de ellos tiene la boca taponeada con algo duro.